Hay varios juegos que prometen mucho pero cuando jugamos terminamos algo decepcionados. Quizás un buen ejemplo de esto sea la situación de Lair para PS3.
El jugador controla a un DragonRider (jinete de dragones) el cual tiene que defender a su reino montado a su fiel criatura mítica, la cual será capaz de destruir a todo el ejército con su aliento de fuego. Lo único que podría mejorar el concepto es que en algún instante una familia de ninjas intenta hurtar a los dragones utilizando estrellas voladoras.
El mayor inconveniente con este juego es que cuando el jugador lo va a disfrutar, la cámara y sobretodo los controles hacen casi imposible continuar lo que está sucediendo, enterrando a los dragones en el suelo demasiadas veces. Más veces que las que cualquier jinete glorioso medieval precisa a efectos de ser glorioso.
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